El don de la vida
La abeja corría, corría muy rápido, porque sus perseguidores querían matarla. Ellos no tenían ningún reparo en matar a los indefensos, ya habían matado a sus padres y a sus semejantes. La abeja pensaba que era demasiado joven para morir y por eso corría siempre más rápido. Después de algunos minutos la abeja dejó de correr para descansar un poco. Se refugió detrás del tallo de una rosa. Los perseguidores llegaron unos minutos después y, para descubrir donde estaba, decidieron de seguir su buen olor de miel. Los dos se acercaron al tallo de la rosa. De repente dos horribles avispones se pararon enfrente de la abeja, ella empezó a temblar por el miedo y cerró los ojos para no ver lo que iba a pasar pero…No pasó nada. Entonces muy lentamente la abeja abrió los ojos y vio que los dos avispones estaban tumbados en el suelo envueltos en una telaraña. La abeja se miró alrededor pero no vio nadie… ¿Quién había podido hacer todo eso?.
De repente una pata negra y peluda le tapó la boca prohibiéndole de gritar para pedir ayuda.“Cállate, no quiero hacerte nada, pero si gritas pueden llegar otros avispones; ven conmigo a un lugar más seguro”.
Los dos se fueron a un tugurio lleno de telarañas. Allí la araña preguntó a la abeja qué había pasado. Ella, antes de contestar a la pregunta, miró a la araña muy atentamente: patas largas y peludas, negra como la pez y dos ojos rojos que infundían mucho miedo.“¿Por qué aquellos avispones te perseguían?” preguntó la araña, y la abeja contestó: “Yo soy una abeja obrera, trabajaba muy tranquilamente en mi colmena cuando un día llegaron más de diez mil avispones, muy feroces, que querían apropiarse de nuestras propiedades. El enfrentamiento fue terrible, dos días y dos noches de batalla entre abejas y avispones. Desdichadamente mis semejantes fueron derrotados, y mis padres se sacrificaron por mi. Ahora que todos mis amigos se han muerto yo soy sola y no tengo razones para vivir”.
La araña, como le daba lástima por la pobre abeja, quiso darle una enseñanza: “La vida es algo maravilloso y siempre tiene que ser vivida, tus padres han sacrificado si mismos porque querían que tú vivieras. El sacrificio de las personas que te amaban no tiene que ser vano, ¡sigue viviendo tu vida!”. La abeja fue muy conmovida por las palabras de la araña y después de unos minutos dijo:“Muchas gracias, tus palabras me han abierto los ojos, ahora no estaré más triste porque sé que la vida es maravillosa”. Empezó a mirarse alrededor y todo parecía más maravilloso que antes, y mientras que sobrevolaba un campo lleno de flores pensaba:“Tengo que recomenzar mi vida, iré buscando otra colmena donde vivir”. Levantó los ojos para ver el sol y dijo: “¡Que día maravilloso!”.