La habitación 14
“La leyenda cuenta que en 1550, Anita Von Rassen, una duquesa, joven y bella, alojó en el hotel, durante su primera noche de bodas, con su nuevo marido, el conde Teodor Von Richerman. Pero este hombre era un uxoricida y la apuñaló al corazón y le cortó el dedo izquierdo, donde tenía el anillo de bodas. El espiritu de la chica empezó a vengarse y aún ahora mata a los hombres que alojan en la habitación número 14, donde murió: de ellos queda solamente el dedo anular izquierdo”.
- “¡Ja, ja, ja! Cómo podéis creer en estas estupideces?” - dije – “ Son solamente fantasías!”
- “ Ríes, ríes, Manuel… En todas las leyendas hay algo verdadero ¡Recuérdatelo!” – Me dijo mi amigo Pablito.
- “ Sí, sí…” – Respondí descuidado…
Mis compañeros de escuela y yo fuimos a coger el autobús: teníamos que ir de excursión escolar a este “legendario” hotel. Éste se encontraba en Alemania, encima de un arrecife cerca del mar. Faltaban aún dos horas de viaje, así me puse a dormir…
Dos horas después Pablito me despertó: habíamos llegado. Bajo la lluvia, con las maletas, nos dirigimos hacia el hotel. El interior del hotel era en estilo barroco y pomposo, pero inquietante…
Distribuyeron las habitaciones y… ¡Díos mió! ¡Yo tenía la numero 14! Podría ser solamente una coincidencia… “¡Qué dices tonto!” - pensé - “ Es solamente una leyenda…”.
Me dirigí hacia mi habitación; Pablito me susurró:
- “ Recuerda… Hay siempre algo verdadero en las leyendas!”
- “¡Basta ya! ¡Yo no tengo miedo!”
Me cerré en mi habitación y empecé a deshacer la maleta. Me fui un poquito a la cama antes de la cena, pero me dormí. Cuando me desperté ya era medianoche. El hotel estaba sumergido en un silencio tumbal… Vale, en aquel momento tenía un poquito de miedo… Afuera aún llovía y ya no tenía sueño, así empecé a mirarme alrededor: había terciopelo rojo en todas la paredes; había una grande alfombra persa y los muebles eran de madera antigua. Además de las puertas de entrada y del baño, había otra puerta, enfrente de la cama. De repente oí un ruido que llegaba desde aquella puerta “misteriosa”, mi corazón empezó a latir fuerte. La puerta se abrió despacio. Un golpe de aire rarefacto entró en la habitación y las candelas de la araña se apagaron. Desde la oscuridad, detrás de la puerta, había algo luminoso: una mujer con el pelo largo, que llevaba un vestido blanco y largo, y en la mano izquierda un puñal. ¡Díos mió! La leyenda era verdadera! Intenté gritar, pedir ayuda, pero mi voz estaba como paralizada, y también mi cuerpo. La puerta misteriosa se cerró. La mujer estaba en frente de la cama y despacio se dirigía hacia mí. Rápidamente descendí de la cama, y corrí hacia la puerta de entrada: ¡estaba cerrada con la llave desde afuera! Me asusté y me acerqué a la otra puerta. No tenía cerradura. ¡Estaba perdido!: el espectro se dirigía contra mí, con su puñal. Miré su mano izquierda: ¡no tenía el dedo anular! La mujer empezó a llamarme, con una voz ronca, innatural… “ Manuel…Manuel…”. Cerré los ojos, intenté de ampararme, pero el fantasma cernía sobre mí. Yo grité.
- “ Manuel, Manuel, ¡despiértate!”
- “¡Ah! El fantasma…el puñal… ¿dónde estoy?” - dije con angustia.
- “ Estás en el autobús… Dormías y te has puesto a gritar ¿Qué has soñado?” - Me preguntó Pablito.
- “ Nada, nada…” – respondí, respirando profundamente.
Eran solamente las ocho de la noche y aún estaba en el autobús. Había sido solamente… ¡una pesadilla!
Cuando llegamos al hotel y distribuyeron las habitaciones… sorpresa… yo tenía la 14… ¿¿la 14??
- “ Profesor, ¿por favor, podría cambiar mi habitación?”