Una profunda amistad
Jorge era un chico de doce años, que tuvo que trasladar a un pueblo nuevo, ya que su padre tenía problemas de trabajo.
El 14 marzo, este muchacho llegó con su familia a su nueva casa. Pasaron todo el día a descargar cajas del coche y a colocarlas en la casa.
Cuando Jorge se acostó, miró al techo de su habitación pensando que ahora todo habría sido diferente: su casa, su escuela, sus amigos.
Al día siguiente el chico fue a la escuela y llamó a la puerta de su nueva clase y una voz dijo: “¡Adelante!” y Jorge, tímidamente, entró. Al chico le pareció estar en un lugar grandísimo lleno de niños desconocidos. La profesora dijo con una sonrisa: “¡Ah, por fin has llegado! ¡Escuchadme, niños! Ẻste es Jorge, un compañero nuevo. Viene de otro pueblo y será un compañero fantástico. Os aseguro que es muy simpático.”
El niño se sentó en una silla y puso sus libros en el pupitre.
Cuando la clase acabó, Jorge se levantó y salió de la escuela para volver a su casa; mientras tanto oyó una voz que lo llamaba. Se volvió y vio a un chico, que dijo: “¡Hola! Tú eres Jorge, el nuevo estudiante, ¿verdad?” y él contestó: “Sí, soy yo… ¿Quién eres tú?” el chico se llamaba Rodrigo y le propuso tomar un atajo por un parque para llegar a casa.
Era un parque con una zona protegida para los animales selváticos. Los dos muchachos decidieron visitar un torrente donde había patos. Jorge se acercó mucho al margen del río y se resbaló. Estaba a punto de caer en agua, cuando una mano lo agarró por el brazo. Rodrigo, con fuerza, lo ayudó a levantarse. Jorge, un poco espantado, le dio las gracias, y el chico contestó: “De nada. Ahora somos amigos y sabes que puedes contar conmigo.”
Desde entonces nació una profunda amistad entre los dos.
Veinte años después, Jorge había llegado a ser un famoso banquero, se había casado y tenía dos hijas; Rodrigo trabajaba como actor teatral, todavía soltero.
Pero éste último no se lo pasaba muy bien: su compañía teatral no ganaba mucho desde meses y él estaba perdiendo el trabajo.
Y fue así. Rodrigo se encontraba en una situación difícil, ni tampoco tenía dinero para pagar el alquiler.
Cuando Jorge oyó la noticia, quiso encontrar a su mejor amigo y le propuso un trabajo en su banca.
Rodrigo no sabía como agradecerlo y Jorge sólo le dijo: “Y lo sabes. Somos amigos… Sabes que puedes contar conmigo”.