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Salem- Virginia. Año 1753.Han pasado dos siglos desde los primeros episodios de esclavismo contra a los negros, que venían retirados de África y transportados con las naves negreras en las diferentes colonias inglesas, francesas y españolas instaladas en el norte y en el sur de América. Fenómeno terrible, que pisotea los derechos humanos de los que cada persona tendría que ser tutelada. Tendría. Fenómeno terrible, vivido desde mucho tiempo que ha entrado a hacer parte del estilo de vida y de la manera de pensar de muchos, que se consideran superiores y, anublados por esta infundada superioridad no se renden cuenta de como ésa representa sólo y pura ignorancia. A esto tipo de personas pertenecía su familia, la de Michael, una de las más ricas de la zona, que poseía una vasta propiedad en la que trabajaban como servos esclavos negros. Michael tenía nueve años a la época, un niño como los otros, acostumbrado a vivir en una realidad que injustamente imponía una jerarquía en la que los negros no tenían derechos y eran tratados como bestias. El padre de Michael, latifundista, se había enriquecido con estos tráficos, pero nunca se había ocupado directamente de ellos. Aquel ano había decidido participar personalmente al viaje y Michael habría ido con él. “Es bien que aprenda este trabajo de pequeño, una experiencia más grande podrá tan sólo ayudarlo cuando se hará adulto’’ decía. La vida de Michael ya estaba hecha y ensuciada de las acciones que aún no había cumplido y que todavía estaba aprendiendo. Su destino ya estaba escrito. Tal vez no… Para llegar al puerto emplearon un día de viaje. Llegaron a las tres de la tarde y todo ya estaba listo para salir. El asombro y la felicidad de Michael eran indecibles, siempre había deseado viajar por mar en una nave tan grande. Su padre lo había preparado para el largo viaje pero el niño no parecía por nada perturbado. Había tomado la experiencia como una aventura. Una aventura que duró un mes y que lo llevó a desembarcar en el puerto africano con menor entusiasmo que antes. El pequeñito no estaba acostumbrado a aquellos lugares, aquellos paisajes y aquella realidad tan diferentes de los suyos. Eso un poco le asustaba. Para un igual tiempo a lo del viaje el niño, su padre y los otros hombres vivieron en un pequeño pueblo del que después se habrían llevado la mayoría de los hombres sanos, fuertes y capaces que sostener trabajos duros. Al día siguiente Michael encontró por casualidad a un niño, mientras que su padre estaba afuera; su nombre era Abbat, y pronto trabaron una amistad especial. Fue suficiente una mirada, algunas palabras para romper el empacho inicial y desde aquel momento todos los días los dos se encontraban y pasaban horas juntos jugando. Michael conoció también a la familia de Abbat, que pero no sentía por él el mismo amor y la misma confianza del amigo. En cada caso los dos disfrutaron cada instante despreocupados y aprovecharon el poco tiempo a disposición en la manera mejor que podían, sin pensar, como hacen todos los niños, que pronto todo se habría terminado. Llegó entonces el día de la salida, Michael se dirigió al lugar escondido para encontrar a Abbat por la ultima vez. Esperó horas pero Abbat no llegó. Desengañado el niño se fue al puerto donde pasó algo raro para él. Entró en la nave y desde allí vio a Abbat y a su madre que lloraban, que gritaban el nombre del padre, que había estado cargado como esclavo, arrebatado de su familia como muchísimos otros. Y mientras que la nave se alejaba y su amigo se hacía siempre más pequeño hasta que se había reducido a un punto en el centro del mar, Michael sintió un gran despiste y una amargura singular en el corazón. En un estado de caos su mente viajaba inquieta buscando una respuesta, una explicación que llegó tan sólo algunos años después, cuando ya era bastante adulto y consciente para comprender la feo del trabajo de su padre. Un trabajo respetable y normal según la sociedad de la época, que pero enfrentándose con el corazón puro y sensible de Michael no encontraba y nunca habría encontrado aprobación. Cuando tenía veinte años y era bastante maduro para decidir de su vida y abandonó su casa y su familia, rechazando la oferta de su padre de seguir con el trabajo. Una noche, vagabundeando para las calles de la ciudad, llegó sin darse cuenta al puerto y se hundió en los viejos recuerdos. Una nave estaba atracando. Eran los hombres de su padre, los reconoció pronto. ¿Cómo olvidarlos? Revivió sin quererlo aquellos momentos, la nave que atracaba, los esclavos negros arrancados de su tierra que bajan del puente llorando. En aquel momento lo vio. Como la primera vez fue suficiente una mirada. Era él, Abbat, su amigo especial, el más especial de todos. El instinto inicial fue de llamarlo y abrazarlo, pero tenía que mesurar bien sus acciones. Decidió esperar. En él percibió fuerte el deseo de acabar con aquella grande y vergonzosa injusticia. Porqué la historia no tenía, no podía repetirse otra vez. Al día siguiente fue al lugar donde Abbat trabajaba. El asombro del joven en el verlo fue indecible. Pero los dos no podían perder tiempo. En la noche estudiaron un plano. Al día siguiente, tomado todo lo necesario, hicieron explotar el centro de organización del padre de Michael, donde trabajaban todos los hombres y con el incendio todos los nombres y los viejos proyectos, todas las informaciones se quemaron. En poco tiempo una grande muchedumbre llegó, también el padre de Michael y sus hombres. De la niebla y del humo aparecieron Michael y Abbat con todos los esclavos negros liberados. Michael se dirigió hacia su padre, lo miró: “A veces se gana y a veces se pierde”. En su corazón sabía que aquel gesto no habría sido suficiente para cambiar años de historia, pero ahora estaba claro en su mente lo que debía hacer . Si algo está mal hecho no es dicho que tenga que quedarse para siempre así.
Pubblicato da ecriture2008
Pubblicato da englishwriter